jueves, 31 de julio de 2008

A modo de introducción


Si hay algo que me cuesta en esta vida es hacer introducciones por escrito; por ende, no pienso explayarme mucho esto porque sería dar vuletas alrededor de algo que lleva a ningún lado. A partir de hoy voy a publicar en esta página cosas que pasan en mi vida todos los días: podría pensarse como una especie de catarsis o un nuevo diario del día a día (o no tanto, no creo que publique tan seguido, soy un poco vaga); sea como sea, esta soy yo.


Les dejo el Poema XX de Pablo Neruda, publicado en su obra "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", acompañado de un dibujo hecho por Pablo Tisoriero, que es el dibujante más espontáneo y rápido que conozco. El Poema XX fue el primer poema que leí en mi vida y el que más me gusta hasta ahora. La melancolía de las palabras y ese toque especial que encuentro en esta poesía inspiraron más de una noche de nostalgia pensando en tantas cosas, o en nada, a veces pensando en nosequé. La verdad no entiendo muy bien la razón pero hasta el día de hoy -después de cientos de lecturas- me es imposible leerlo y no sentir.



Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: " La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


Gracias por su tiempo,
em.